Reflexiones al calor del debate sobre la movilidad ciclista en la semana de la movilidad

Artículo de opinión de Carmen Molina, co-portavoz de EQUO Málaga, publicado en el periódico digital Málaga al día

Después de los resultados obtenidos por la OCU sobre el estado de la redes ciclistas y viendo el uso de las bicicletas en ciudad como alternativa al de vehículos motorizados privados,  habría que  dilucidar si acometer de forma aislada la ejecución de carriles bici  o impulsar el uso de transporte público solventa  el tema de la sostenibilidad  en los desplazamientos en ciudades diseñadas por y para el uso de vehículos motorizados y privados.

Me parece  que es bastante evidente  que el carril-bici de Málaga, con sus constantes entradas a la acera (la acera-bici), está lejos de ser un ejemplo a seguir en actuaciones futuras de ampliación de la red ciclista.  Además, opino que lo prioritario son las medidas educativas  y de regulación del tráfico. Mientras esto no se cambie y haya  entendimiento y respeto mutuo entre los colectivos de ciclistas, peatones y usuarios de vehículos motorizados, la bicicleta estará mejor en la calzada.

Por tanto,  debería ser prioritario que haya más educación para todo el mundo.

Además, habría que asumir la existencia de datos que desmitifican al carril bici como herramienta para reducir el uso del coche en la ciudad. Ello quizá sea debido a que al mismo tiempo que se implementan carriles bici fomentando el uso de la bicicleta, se realizan infraestructuras que facilitan, incentivan y potencian el uso del coche en la ciudad y en el área metropolitana  de Málaga mediante la expansión urbanística, la zonificación de las actividades y las autovías y carreteras asociadas.  Entonces el carril-bici no aporta nada como herramienta para reducir el uso del coche en la ciudad. Existen otras medidas pensadas realmente para reducir el uso del coche, como la peatonalización de calles, los accesos restringidos, los parkings disuasorios, el transporte público, así como un diseño urbano que no atienda al sector de la especulación del suelo y de la construcción de autovías, túneles y parkings subterráneos.

Así, continúo reflexionando que,  la calzada urbana está perfectamente preparada para hacer uso de la bicicleta como medio de transporte y no es necesario duplicar el viario urbano, como de hecho ya alegan algunas asociaciones ciclistas, a las que me sumo como usuaria de bici.

La construcción  de carriles bici y aceras bici eliminará el derecho de los ciclistas a circular por la calzada. Encauzará su movilidad hacia vías que no sirven para circular con seguridad a más de 10 Km/h.  La segregación ciclista, además de considerar a la bicicleta como un estorbo para el tráfico, se basa en miedos y prejuicios sobre la seguridad ciclista.

Y otra cuestión más, no explicada en los planes de movilidad (o quizá yo no lo he visto) es el colapso que sufrirían los carriles ciclistas diseñados con un ancho de 1,5 m a lo sumo por sentido de circulación, si fuésemos muchos los usuarios que nos animásemos a circular por ellos.

En fin, esto no agota el debate sobre movilidad, pero  a los que nos gusta usar la bicicleta y tropezamos con diseños pensados por personas que no la usan, y con la incomprensión de colectivos  que tampoco la usan y se ven molestados por la circulación de bicicletas (en la calzada, los automovilistas, motoristas y demás, en las aceras, los peatones), decirles que todos debemos hacer un ejercicio de empatía y entendimiento, porque para trasladarnos de un lugar a otro, podemos disfrutar (o no) del proceso de desplazamiento, si este es cómodo, grato y sin sobresaltos, lo que “nos mueve” también puede plantear una mejora de la vida cotidianaEstá en nuestra mano  que ello sea así sin recurrir a grandes inversiones o complicados diseños.

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